Hablar de Alberto Fuguet es hablar de algo ambiguo, impredecible, cercano y lejano. Escritor chileno, pero que leímos como si se tratara de un novelista gringo. Cercano, por su literatura de detalles absurdos y antihéroes, de mundos reales, urbanos, cosmopolitas; y lejano.... siempre renegando de su origen, siempre un híbrido entre el periodista de los 80, el novelista de los 90 y cineasta del nuevo milenio.
Nació en 1964 y vivió su infancia en California. A Chile volvió a finales de los 70. Estudió Periodismo en la Universidad de Chile. En 1990 escribió su primer libro de cuentos,
Sobredosis, que fue la antesala de su novela más famosa y rompedora:
MalaOnda. No había nada igual, para quienes éramos pendejos de la época. Al fin un escritor que escribía lo que nos interesaba, que describía sensaciones, lugares, momentos que estábamos viviendo. Al fin un escritor que nos hacía tirarle los 100 años de soledad por la cabeza al profesor de Castellano.... Por eso le creí, y leí casi como un ritual
Tinta Roja, Por favor Rebobinar, y Las películas de mi vida.
Pero dejé de creerle. Dejé de creer en su literatura cuando lo sentí una copia de otros escritores. Cuando se puso tan de moda que todos empezaron a copiarle a él... entonces, qué era peor, ¿el que le copia al copión o el copión a secas?
Volví a creerle en su faceta de cineasta. No en el primer intento llamado Dos hermanos , un filme errático, telenovelesco, y como siempre autoreferente, sino que después de ver Se Arrienda (no porque la sienta una obra maestra, sino que, como siempre, Fuguet describió otro momento exacto en nuestras vidas). Aunque no le compro sus columnas del Inserto de Libros (ex revista) de El Mercurio. Y me contradigo igual que él.
Es llamado el forjador de la Nueva Narrativa Chilena y con ese orgullo infantil del "shileno", nos alegramos de su portada en el Newsweek (o no?). Es satírico y delirante, y eso se puede ver en su última película (donde es en realidad productor)
Malta con Huevo, que está en cartelera en los cines de Santiago. Por eso en él se funden las personalidades, los mods y los rockers. A falta de un Bret Easton Ellis en casa, buenos son los Fuguet.
Hace tiempo que no lo veo. Sabía de él de manera indirecta, en sus páginas, en sus columnas. Solíamos hablar por messenger en su época más cercana. Ahora, volvió a ser lejano y pareciera querer romper su mito a pedazos, para expiarse de sus errores, llamando la atención tirado en el pavimento de una calle cualquiera. Como lo que quiere ser, alguien en la vida, para lograr ese fin que no se sabe, como Matías Vicuña...
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