Juan Egenau, y la escultura chilena como armadura

Nacido en Chile, Juan Egenau Moore desarrolla su labor escultórica a través de la creación y la docencia, la que ejerció por más de treinta años.
En 1949 ingresó a la escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, donde fue alumno de Marta Colvin y Pablo Burchard. A pesar de entrar con la idea de seguir la especialidad de pintura, conoce a José Perotti, con quien toma cursos de esmalte sobre metal y orfebrería, comenzando así, su relación con la forma en el espacio.
En 1955 obtuvo el grado de Artesanía con mención en Arte sobre Metales de la escuela de Artes Aplicadas de la U. de Chile, y en 1959 viaja a Italia con una beca para estudiar orfebrería en Florencia.
En 1966 obtiene
Interesado en lo orgánico, consiguió esculturas que exploran en las estructuras invisibles de las apariencias, acercándose a lo esencial por sobre lo meramente figurativo. Gracias a sus conocimientos de orfebrería, Egenau estaba ya familiarizado con los materiales (bronce, cobre, fierro) que le sirvieron de materia prima para sus esculturas, las cuales expresan la fuerza y el misterio de la naturaleza.
“La esencia creativa de mi obra se halla en la representación de un objeto imaginario que evoca experiencias visuales anteriores, que constituye un todo plástico, inédito y válido en sí mismo”, explicaba el artista.
El universo creado por Egenau, y al que tenemos acceso por medio de sus obras, corresponde a una visión dinámica y cualitativa de la realidad, una visión que rescata un mundo inédito que subyace por debajo de las convenciones cotidianas, de los parámetros culturales heredados y de los esquemas y el rigor de la lógica racional.
A partir de esta conexión surgen esos seres de desconcertantes morfologías, de incierta configuración orgánica, inabordables, indiferentes, no comprometidos con las demencias humanas. Seres que resguardan su quimérico contenido en la invencible existencia de mecánicos artificios y sutiles tecnologías.
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